
Henry Darger era un pobre solitario que gastaba su vida visitando la iglesia cinco veces al día y removiendo entre la basura. También era conocido porque solamente hablaba de los partes meteorológicos. Era un tipo raro, sin duda, pero nadie podía imaginar que esa rareza era tal que en el futuro se confundiría con la genialidad. Nadie lo habría podido imaginar nunca si, en abril de 1973, cuando falleció, su casero, Nathan Lerner, no hubiera descubierto la vasta creación del difunto al entrar en el piso por primera vez desde que Darger lo había ocupado cuarenta años atrás. El apartamento estaba lleno de recortes de periódicos, revistas y cómics, síntoma del gusto por el detalle del artista. La basura acumulada completaba un ambiente obsesivo y enfermizo. Para rematar, Darger guardaba grandes acuarelas pintadas por él que presentaban a niñas desnudas con alas de mariposa que eran perseguidas por soldados armados. Además, Nathan Lerner encontró un libro, The book of weather reports, que recogía los partes meteorológicos de Chicago de diez años, acompañados de comentarios negativos hacia el hombre del tiempo. Esta obsesión por el tiempo nació, según parece, por un trauma que sufrió en la infancia, cuando asistió a la destrucción de todo un pueblo, Countrybrown, por un tornado. Y es que, la obra de este genio atormentado está íntimamente ligada con la infancia y con sus experiencias familiares e infantiles. Por ejemplo, Darger rechazó tener relaciones sexuales por pánico a que su acompañante fuera una hermana que su familia dio en adopción justo después de su nacimiento. La obsesión por el mundo de los niños también puede ser debida a una historia que el artista leyó en el periódico sobre una niña de cinco años que fue estrangulada en Chicago.
Más allá de estas muestras, por las que a muchos de nosotros nos encerrarían en

Con un pincel que es sumamente vital, Darger es un ejemplo (muy, muy exagerado) de la unión del artista con su obra. También es un exponente claro del arte marginal, puesto que el autor encuentra sus formas de expresión de manera intrínseca. Sus referentes no son comunes, y se alejan de los parámetros culturales establecidos y mucho más de la industria cultural. El autor encuentra el arte en sí mismo, en sus cavilaciones, en sus obsesiones vitales y en su locura. Ahí radica su originalidad. Su arte es puro. Es una extensión de su vida y su trayectoria.
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